“¡Que no nos abandonen!”
Cuando los rescatistas preguntaron a Luis Urzúa, el líder de los mineros atrapados chilenos, lo que necesitaban, dijo, “que nos rescaten lo más rápidamente posible, y que no nos abandonen”. Cuando leí esa frase, pensando en la terrible situación de los mineros atrapados bajo la tierra, me acordé también de los Legionarios de Cristo. Me he estado acordando de ellos, porque al escribir mi libro “Historia de un Legionario de Cristo irlandés: de como encontró a su corazón y casi perdió la razón“, un montón de recuerdos profundos han salido a la superficie.
Los Legionarios de Cristo acaban de pasar una auditoría (Visitación Apostólica) por el Vaticano, en gran parte centrada en la conducta del padre Marcial Maciel Degollado el fundador. Los visitadores encontraron que “la conducta del padre Marcial Maciel Degollado ha causado consecuencias serias en la vida y en la estructura de la Legión, hasta el punto de que requiere un camino de profunda revisión. Los gravísimos y objetivamente inmorales comportamientos del padre Maciel, confirmados por testimonios incontrovertibles, representan, en algunos casos, auténticos delitos y manifiestan una vida sin escrúpulos ni auténtico sentimiento religioso. Esta vida era desconocida para gran parte de los Legionarios, sobre todo por el sistema de relaciones entretejido por el padre Maciel, que hábilmente había sabido crearse coartadas, ganarse la confianza, amistad y silencio de los que le rodeaban y reforzar su propio papel de fundador carismático.”.
Otra afirmación en las conclusiones del Vaticano, viene a la mente a la luz de la catástrofe de la mina en Chile: “el descubrimiento y el conocimiento de la verdad acerca de su fundador ha provocado en los miembros de la Legión una sorpresa, un desconcierto y un profundo dolor, que los visitadores han evidenciado de diferentes maneras…..[tienen] la necesidad de redefinir el carisma de la Congregación de los Legionarios de Cristo, preservando el núcleo verdadero, el de la “militia Christi”, que caracteriza la acción apostólica y misionera de la Iglesia y que no se identifica con la eficiencia a toda costa….la necesidad de revisar el ejercicio de la autoridad… la necesidad de preservar el entusiasmo de la fe de los jóvenes, el ardor misionero, el dinamismo apostólico, por medio de una adecuada formación. De hecho, la desilusión sobre el fundador podría cuestionar la vocación y ese núcleo de carisma que pertenece a los Legionarios de Cristo y es propio de ellos.”
La sobrevivencia dependerá de la confianza
Me imagino que en su situación actual, la gran mayoría de los Legionarios estarán pidiendo a la Iglesia, lo mismo que decía el líder de los mineros atrapados, “que nos rescaten más rápido posible, y no nos abandonen.” El Santo Padre responde que “quiere asegurar a todos los Legionarios de Cristo y a los miembros del Movimiento “Regnum Christi” que no se quedarán solos: la Iglesia tiene la firme voluntad de acompañarles y de ayudarles en el camino de purificación que les espera.” A diferencia de los mineros chilenos atrapados, la sobrevivencia de los Legionarios, y su identidad dentro de la Iglesia Católica, dependerá en gran medida de su disposición a confiar en sus “rescatadores”. También requerirá que broten nuevos líderes con habilidades específicas para el trabajo ingente que tienen a mano. Y, por supuesto, deben tener también una comprensión muy clara de su situación y la necesidad que tienen se ser “rescatados.”
Tiempos de auge
Chile ha visto un auge en la última década. El aumento de los precios del cobre ha llenado las arcas del gobierno y le ha permitido capear la recesión global. Los precios récord del cobre también significaba que minas antiguas, con infraestructura deteriorada, de nuevo se han convertido en recursos valiosos. La Legión de Cristo también experimentó crecimiento y éxito sin precedentes en poco tiempo. La congregación encontró un “lugar” en la Iglesia donde supo combinar la disciplina tradicional con la practica estricta de los “consejos evangélicos” (votos religiosos), la capacidad de atraer a líderes y elites, y recaudar fondos significativos. Esta fórmula les ha permitido formar a 800 sacerdotes y 2.500 seminaristas mayores y menores, con casas en 22 países. Regnum Christi tiene una membresía de alrededor de 70.000 jóvenes, adultos, diáconos y sacerdotes en más de 30 países. Se dice que las obras de caridad representan aproximadamente 50 millones de dólares de los 650 millones dólares del presupuesto anual de la Legión. Una red de veintiuna escuelas “Mano Amiga” atienden a 13.000 niños pobres, cuyos padres pagan 20 dólares al mes en la matrícula. Miembros del Regnum Christi comenzaron y continúan dirigiendo muchos de los principales esfuerzos caritativos en México – como un Teletón para niños desfavorecidos, y un programa de supermercados donde los “redondean” su cuenta en el registro para contribuir a un banco nacional de alimentos. En El Salvador, la Congregación ha construido pequeñas ciudades para las víctimas de desastres, con escuelas, iglesias e instalaciones médicas. Tengo entendio que el Presidente de al menos un país es miembro del Regnum Christi.
Ahora los Legionarios, en cierto sentido, están atrapados, en espera del resultado de la misión de rescate de la Iglesia con la que tendrán que colaborar con un gran sentido de confianza. Al igual que la situación de los mineros, algunas facetas del rescate están bajo su control. Pero la clave de su supervivencia, como la de los mineros, está también en manos de los “rescatadores” de “afuera.”
La mina de San José
Los 33 mineros Chilenos quedaron atrapados el 5 de agosto por un colapso masivo en el techo de la mina San José, ubicado fuera de la ciudad chilena de Copiapó. Los mineros han superado ya una cantidad de tiempo atrapados bajo tierra sin precedentes en la memoria moderna. La mina San José se había clausurada dos veces por infracciones de seguridad y por la muerte de mineros. El Padre Marcial Maciel, fundador de la Legión, fue acusado de violaciones en la década de los 1950 de las que fue exonerado – en circunstancias, que a la luz de lo que hoy sabemos, deben considerarse dudosas.
Durante dos semanas, los servicios de rescate en Chile han excavado cientos de metros tratando de encontrar el refugio donde creían que los mineros se hubieran refugiado. Una y otra vez fracasaron en sus intentos, y las autoridades comenzaron a culpar a la empresa minera por no tener mapas actualizados y equipos de seguridad modernos.
Los mineros están atrapados a 700 metros debajo de la superficie, esperando que una nueva máquina de perforación excave hasta 20 metros por día. Cuando logren excavar el eje inicial, tendrán que ampliar el túnel para permitir que el diámetro permita el paso de los mineros. El túnel de escape será de aproximadamente 66 centímetros de ancho – el diámetro de una rueda de bicicleta típica – y se extenderá por más de 688 metros a través de roca sólida. La medida de la cintura de los mineros no podrá superar los 90 centímetros para poder caber por el túnel.
Algunos expertos en minería creen que se logre excavar un túnel de rescate en menos de los cuatro meses que actualmente calculan. Si la perforación va según lo previsto, los supervivientes deberán luego enfrentar la dura prueba de meterse en una jaula de metal tubular, durante tres horas, que es lo que durará el asenso de cada uno a la superficie. Mientras tanto, se les esta proporcionando el agua, alimentos y otros suministros, a través de tres túneles del diametro de un puño. Las autoridades han comenzado a vacunar a los hombres atrapados contra el tétanos, la difteria, la gripe y la neumonía para prevenir los brotes de la enfermedad.
Muchos curiosos que observan el dilema de la Legión de Cristo, esperan una resolución rápida. Para los detractores que abogan por la supresión total de la congregación, demasiado tiempo ha pasado ya. Mi opinión es que el proceso de saneamiento de la congregación de los efectos de conducta espantosa del fundador llevará tiempo.
Liderazgo Emergente
Una de las primeras cosas que suele suceder en apuros terribles ya ha ocurrido en la mina de San José. Los mineros han nombrado sus líderes entre ellos. Este proceso se conoce como “liderazgo emergente.” En tiempos de crisis, el rango de una persona o funcionario tiene menos que ver con el liderazgo que su habilidad para lograr lo necesario en ese momento. El mismo grupo identifica la persona con las habilidades apropiadas para la tarea. Los militares están muy familiarizados con el “liderazgo emergente” en campos de batalla o de emergencias.
Habilidades “normales” de liderazgo, tales como la popularidad, la simpatía y el poder de persuasión, se sustituyen con la habilidad especifica para resolver el problema particular. Las personas mas competentes asumen el liderazgo del grupo. Uno de los mayores desafíos que enfrentan los Legionarios en su situación actual, es – en mi opinión – que los Legionarios individuales no se conocen entre sí. Cada hombre es una isla, separado de los pensamientos más íntimos, y los sentimientos de sus compañeros. Esto no facilita el proceso del “liderazgo emergente”. Tal vez, ya que ahora los Legionarios sufren las sensaciones de claustrofobia y de ser “atrapados,” se esforzarán a abandonar sus “islas” individuales y romper con la cultura terrible que les aisló, los unos de los otros, y del mundo exterior.
El Reto: saber comunicar y escuchar
Hace apenas un par de días, un antiguo colega mío, con quien no había estado en contacto desde hace 40 años, leyó mi libro y decidió llamarme por teléfono. Me preguntó,: “¿Qué hubiera pasado si, cuando usted y yo teníamos 25 años, pudiéramos habernos sentados juntos para tomar una cerveza y decirnos lo que realmente pensábamos acerca de nuestra vida en la Legión?” Él llegó a la conclusión de que probablemente hubiéramos abandonado la congregación. Yo añadí: “O nos hubiéramos rebelado y exigido se hicieran los cambios necesarios.” Pero los Legionarios no hablan entre sí. Eso es un reto enorme, endémico, que necesitan superar antes de que puedan esperar lograr los cambios necesarios.
En el nivel psicológico, los mineros tienen que lidiar con la miseria física, la separación del mundo exterior (especialmente de su familia), la incertidumbre y la ambigüedad sobre el futuro. No es muy diferente la situación Legionaria. En esta situación, el concepto de la “confianza” es especialmente importante. Por ejemplo, si los mineros no perciben que los equipos de rescate les están hablando con la verdad, podrán perder la confianza. Esto produciría la consecuencia desastrosa de unir a los hombres atrapados contra sus rescatadores. Cuando los líderes que no están físicamente cercanos no proporcionen toda la información necesaria, fomentan el descontento y la desconfianza.
Es absolutamente vital que las autoridades no pierdan la confianza de los mineros atrapados casi un kilómetro bajo tierra. Me gustaría sugerir que hay un paralelismo aquí con los Legionarios. Los mineros son todos pobres, y la empresa propietaria de la mina se tambalea al borde de la quiebra. Así que los mineros están preocupados también por la seguridad y el bienestar de sus seres queridos, a los cuales son incapaces de ayudar. Ellos sólo tienen una idea muy general de cuánto tiempo puede tardar el rescate. El equipo de rescate no está dispuesto a dejar que las familias hablen directamente con los mineros todavía. Para sobrevivir, los mineros, y los Legionarios, tendrán que confiar en los demás, en sus líderes “emergentes” y en los líderes “distantes.”
No quiero forzar la analogía de la Legión y los mineros atrapados. Pero al leer las noticias acerca de la difícil situación de los chilenos, y de los Legionarios de Cristo, me encuentro haciendo conexiones. En ambos casos, la confianza, la comunicación y la adaptación a las indicaciones de los lideres “externos,”, y la necesidad de fomentar un “liderazgo emergente” sugieren analogías interesantes. Obviamente, no existe una comparación real con los hombres que están atrapados un kilómetro bajo la superficie de la tierra. Sin embargo, sospecho que muchos hombres se sienten “atrapados” en la Legión. Abandonar la congregación no es una opción tan sencilla que pueda parecer a las personas que no han experimentado la vida religiosa en comunidad. Ni es tampoco la transición al sacerdocio diocesano o a otra congregación.
La mayoría de los Legionario, creo, van a querer volver a definir y redescubrir lo que los atrajo a la congregación en primer lugar. Luego necesitarán rezar mucho y tener mucha confianza para superar la sensación de claustrofobia que han de sentir, y meterse por el túnel de escape que tienen que construir con la ayuda del Vaticano. Para ello, tendrán que aprender a hablar el uno con el otro y descubrir el concepto de la verdadera “confianza”.
